Arte político, Nueva Mayoría y Manuel García

May 5, 2016 | Opinión, Prensa

Columna original en El Mostrador.

La canción “Corazón para hacer Constitución” no parece ser más que un intento forzado para darle identidad, desde una oficina y no desde la voluntad de artistas, a un proceso que, entre muchas cosas, ha carecido de la mítica necesaria para formar su propia estética. Y Manuel García, como uno de los cantautores del momento, parecía ser la figura necesaria, desde la música, para profitar de su último éxito discográfico.

La falta de una identidad visual o de, en términos musicales, una “banda sonora”, de lo que discursivamente se prometió como un gobierno de cambio a través de grandes reformas, no sorprende. No es novedad que la Nueva Mayoría, en tanto pacto electoral, lejos de devenir en proyecto político, carezca de la identidad necesaria para hacer emerger una estética particular, propia, que represente y acompañe sus procesos y aspiraciones políticas.

La canción de García y Cabezas, quizá de las cosas más llamativas en el último tiempo –en términos de la relación música propagandista conjugada con la política institucionalizada– no es la primera en hacer mención a un proceso constituyente.

El año 1970, Sergio Ortega y Luis Advis, con textos de Julio Rojas, compusieron el “Canto al Programa” que, con interpretación de Inti Illimani, cantaba a las principales medidas del gobierno de Allende. Una muestra de lo que, ya por antonomasia, se podría considerar como máxima expresión de la música política chilena en su perfil propagandista. “La Constitución añeja nueva la vamos a hacer, y el pueblo se irá montando a caballo en el poder. Ha de ser buena medida hacer que el viejo Congreso vaya cediendo lugar a la asamblea del pueblo”, rezaba el “Rin de la Nueva Constitución”. Sustantivamente lejos de la canción de García-Cabezas y de las aspiraciones constitucionales de la Nueva Mayoría.

Pero no es en la letra de la canción ni en el contenido explícito –o no– del arte, en donde se juega únicamente su cualidad política.

Si bien se puede decir que el arte es siempre político en tanto se produce bajos ciertas condiciones históricas y materiales, lo cierto es que el arte que pretende hacer política no puede hacer política en la misma forma en que se hizo hace 45 años, y no con un ánimo de renegar del pasado, sino porque la configuración social –llamémosle esencial para el carácter político del arte– no es la misma.

Por eso la canción “Corazón para hacer Constitución” no parece ser más que un intento forzado para darle identidad, desde una oficina y no desde la voluntad de artistas, a un proceso que, entre muchas cosas, ha carecido de la mítica necesaria para formar su propia estética. Y Manuel García, como uno de los cantautores del momento, parecía ser la figura necesaria, desde la música, para profitar de su último éxito discográfico.

Los artistas tradicionales de la otrora Concertación, sumados más a la campaña que a la contribución política de pensar una nueva sociedad desde lo cultural, no son más que un rostro rentable, ya típico, de las franjas que cada cuatro años se toman la televisión chilena. Esperemos que Manuel García no se transforme en lo mismo. Tiene mucho que aportar en el proceso de pensar una sociedad distinta, mediante una cultura nueva, desde su canto y poesía.

Pero García no forjó inicialmente su marco de sentido, a la hora de crear, bajo la égida del “gran relato” del partido, como sí ocurrió a finales de los 60 y comienzo de los 70, ni tampoco desde la supuesta alegría del arcoíris concertacionista como sí lo hicieron varios artistas coetáneos suyos en los 90.

Lo hace por fuera de los espacios de poder de la Concertación y desde el distanciamiento de los partidos, ya tradicionales, con la sociedad. Es por lo mismo que se hace necesario preguntarse y repensar –al menos para los que desde el arte sentimos un compromiso con la emergencia de nuevas fuerzas sociales de cambio–- la manera en que el arte puede llegar a hacer política el día de hoy.

La cultura en general, entendida como los complejos modos de nuestra vida social con sus matices ideológicos puestos en el hacer, y el arte en particular, como la manifestación estética de la cultura, tienen mucho que hacer –más que decir o reflejar– respecto al cambio necesario en la configuración de nuestra vida social.

Por lo mismo, es necesario un arte que haga política desde la provocación de los códigos del statu quo chileno cuando piensa y proyecta colectivamente su futuro. Intentar, junto a otras esferas de la producción intelectual, desplazar el sentido común desde la comodidad de la inercia y la pasividad en el que actualmente se encuentra. Contribuir a activar procesos de toma de consciencia crítica frente a la realidad.

Los artistas tradicionales de la otrora Concertación, sumados más a la campaña que a la contribución política de pensar una nueva sociedad desde lo cultural, no son más que un rostro rentable, ya típico, de las franjas que cada cuatro años se toman la televisión chilena. Esperemos que Manuel García no se transforme en lo mismo. Tiene mucho que aportar en el proceso de pensar una sociedad distinta, mediante una cultura nueva, desde su canto y poesía.